Día De La Mujer: “El Amor Romántico”

AMOR ROMÁNTICOLa licenciada en derecho, diplomada en trabajo social, experta en género, técnica de igualdad y profesora de la universidad Publica de Navarra, Ruth Iturbide, viene a Urroz el VIERNES DÍA 2 DE MARZO, con motivo de la celebración del día de la mujer, para hablarnos sobre su visión del AMOR ROMÁNTICO, tema que ha estudiado en profundidad a través de su tesis doctoral.

Según esta experta en género, el amor romántico contribuye a la dependencia emocional y a la violencia contra las mujeres. En su tesis leí­da en la UPNA, Rut Iturbide ha estudiado la utopí­a romántica, que afirma perpetua la estructura de la desigualdad de genero.

Afirma que los modelos de relación entre hombres y mujeres propuestos en pelí­culas y series de ficción mantienen la estructura de desigualdad de genero de nuestra sociedad. En su tesis, ha analizado, con perspectiva de genero, las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad actual a través de un estudio de caso de la serie de televisión “El barco”.

En las sociedades actuales, dotadas de un marco democrático, existe, en la práctica, una desigualdad estructural entre hombres y mujeres, favorecida por la utopía romántica, que consigue, por ejemplo, que las mujeres, por “amor”, releguemos a un segundo plano nuestras carreras profesionales y que los hombres trabajen remuneradamente, incluso en condiciones de riesgo, como en las minas, para lograr el sostén económico familiar.

El modelo de amor romántico trae consigo una división sexual del trabajo emocional, de forma que hay emociones no solo permitidas, sino también promocionadas, en los hombres y prohibidas en las mujeres y a la inversa. Por ejemplo, a las mujeres se les permite y anima a llorar para expresar la tristeza, la alegrí­a o la ira, mientras que ellos tienen más limitado acercarse a la tristeza y/o al llanto, pero si­ son animados a expresar la rabia a través, incluso, de la violencia, explica.

Las consecuencias de esta utopí­a romántica son diferentes en mujeres y hombres y se pueden agrupar, según Ruth, en cuatro: la primera de ellas, que el amor sigue teniendo una relevancia mayor para ellas que para ellos. En las mujeres, el amor es un elemento clave de su existencia. Los hombres, en cambio, disfrutan y sufren el amor, pero este no es absolutamente central en su vida, no es su fuente principal de reconocimiento social, porque tienen otras como el empleo, el deporte, etc...

La segunda consecuencia de la utopí­a romántica actual es que unos y otras esperan algo distinto de una relación; generalizando, podría decirse que ellos buscan prioritariamente que la relación funcione, mientras que ellas esperan, sobre todo, cercaní­a sentimental. Ellas quieren compromiso, mientras que ellos tienen, dada su socialización, mayor desapego.

Además, y como tercera consecuencia, este modelo de amor romántico lleva asociada una sexualidad diferenciada para hombres y mujeres. Existe un modelo hegemónico masculino de sexualidad que, supuestamente, se promueve para unos y otras, pero que, de hecho, está basado en el coito y en aquellas prácticas sexuales que dan gozo a los hombres, que es lo que vemos en las series, las pelí­culas y los anuncios televisivos. Lo que en realidad tiene lugar es un modelo sexual dual, en el que los varones tienen una sexualidad acumulativa, convertida en sí­mbolo de estatus masculino frente a otros hombres, como podemos comprobar, por ejemplo, en la serie “El Barco” con el actor Mario Casas en su papel de Ulises. En este modelo, las mujeres, supuestamente, pueden mantener relaciones sexuales con quienes quieran, pero, en realidad, se les permiten tenerlas dentro de vínculos afectivos.

Todo ello da lugar a la cuarta consecuencia de este modelo amoroso, según afirma la ponente, basándose en la socióloga y escritora Eva Illouz, con quien ha trabajado: el dominio por parte de los varones de los denominados mercados matrimoniales. Ellos controlan las reglas de estos mercados matrimoniales, pues poseen más recursos económicos, sociales y sexuales que ellas, permanecen más tiempo en dichos mercados y, por tanto, tienen más mujeres para elegir, lo que explicarí­a en ocasiones la  dependencia emocional estructural en las mujeres y la violencia que los hombres pueden ejercer contra ellas.

Ante este modelo, las mujeres tienen tres opciones, a juicio de Iturbide y otras autoras. La primera, adecuarse a los requisitos exigidos por el mercado matrimonial y el campo sexual y aceptar su posición dentro de ellos; la segunda, optar por la sexualidad acumulativa como un estilo de vida emancipado, respondiendo e imitando a los varones, que obtienen el poder por ese medio, y asumiendo las consecuencias que esta práctica tiene para las mujeres; y la tercera, la única que consideramos adecuada frente al desapego ajeno, es un mayor desapego propio; esto es, construir una identidad en la que el amor sea importante, pero no nos invada la existencia, en la que tengamos otros ámbitos donde conseguir reconocimiento social y donde las mujeres trabajemos para conectar con emociones que nos han sido prohibidas, algo que es clave no sólo para la prevención de la violencia de género, sino también para la tenencia de una vida propia.

 

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